Por: Tania Lozano
El Presidente de Estados Unidos, George W. Bush, frente a la crisis de los mercados financieros, propuso un plan para atender los riesgos sistémicos, que eliminaría la necesidad de rescates individuales de las compañías. Este plan de rescate contempla 700 000 millones de dólares (casi medio millón de euros) con el que se comprarían, a grupos financieros, las hipotecas en problemas para contrarrestar la incertidumbre respecto a estos activos contaminados.
El plan le costaría a cada ciudadano estadounidense 2300 dólares. Pero, se ha minimizado este costo, según el presidente del Tesoro Henry Paulson. Si bien el costo fiscal, el coste por adelantado, en términos de deuda pública, es alto, el costo último para el contribuyente no tendría porque serlo, ya que el programa no es de gasto sino de compra de activos que luego se venderían lo que haría que los ingresos retornen.
La urgencia de la aprobación del plan se da ante la situación de riesgo en la que se encuentra toda la economía, el posible pánico financiero, la pérdida de ahorros para el retiro y empleos, cierre de empresas y como consecuencia una larga y dolorosa recesión.
En respuesta, los candidatos presidenciales mandaron un comunicado conjunto en el que precisaban que el plan de rescate debía responder a cuatro principios: a) vigilar el uso del dinero público por una comisión independiente, b) asegurarse de que el plan no beneficiara a los directores de Wall Street cuya codicia e irresponsabilidad contribuyeron a esta crisis, c) ayudar a las familias que luchan por quedarse con sus casas, y d) asegurase que no servirá a intereses particulares.
El demócrata Christopher Dodd, presidente del Comité de Banca del Senado, ha asegurado hoy que se ha llegado a un acuerdo sobre los principios de plan de rescate financiero que negocia el Gobierno con el Congreso que están en concordancia con lo ya antes mencionado.
Uno de los planes propuestos y filtrados a la prensa de EE UU es el de dar inmediatamente 250.000 millones de dólares (170.000 millones de euros) y otros 100.000 millones para que el presidente use según su criterio.
Ya con un acuerdo sobre los principios del plan de rescate, nacen algunas preguntas: ¿Se solucionará así el problema? Todavía no se saben las consecuencias a largo plazo. Además de los problemas de liquidez del mercado hay uno más de estructura por resolver. Esta crisis es resultado de las fallas regulatorias para proteger al sistemas financiero de riesgos excesivos, la actuación criticable de las agencias calificadoras de riesgo, cuyo rol necesitará ser redefinido en vista a la actuación que tuvieron durante esta crisis y la desmedida ambición de las firmas de Wall Street.
La otra pregunta que queda suelta en el aire es: ¿Por qué las ganancias de las entidades financieras van a parar a unas pocas manos y las pérdidas, por lo menos en el corto plazo, recaen en la sociedad en su conjunto? Los mercados financieros habían crecido excesivamente en relación con el tamaño de la economía y sus firmas han quebrado por una gestión deficiente, ¿Por qué para salvarlos se debe utilizar dinero público? La respuesta del ejecutivo ha sido que el objetivo no es preservar a una empresa sino a la economía del país. Aunque la respuesta tenga mucha coherencia por la inevitable relación entre los mercados financieros y el sector real de la economía, aun así, nos deja cierto mal sabor de boca, por ejemplo, el saber que muchos de los ejecutivos de estas firmas obtuvieron bonificaciones de las sobre ganancias que ahora sabemos eran irreales.
En las ironías del sistema, si una individuo (digamos representativo) entra en crisis y no puede pagarle al banco un préstamo requerido, este le quita sus bienes; pero cuando el banco quiebra y pone en riesgo a todo el sistema, este mismo individuo debe pagar para que el banco pueda seguir cobrándole.



